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Por Carlos Nandayapa Los principales procesos económicos se articulan en una dimensión espacial concreta, no lo hacen de manera casual. Los procesos económicos como son la inversión, la producción, el consumo, la innovación, por mencionar sólo algunos, se articulan en una dimensión espacial concreta.
Además, la experiencia internacional demuestra que los paÃses exitosos son aquellos que han desarrollado regiones exitosas.
Todo ello ha impulsado a revalorar la importancia que juega el Espacio, tanto en la economÃa(1) como en la definición de las polÃticas públicas regionales orientadas a impulsar el desarrollo.
Particularmente, un fenómeno que llama la atención de la economÃa regional es que la actividad económica no se distribuye de manera homogénea en un territorio, sino que tiende a aglomerarse en regiones bien definidas, las cuales operan como polos de crecimiento económico-regional desde los que se irradia la actividad económica a las demás regiones.
Al mismo tiempo, destaca que su localización no coincide necesariamente con la demarcación geopolÃtica de los territorios, es decir, el espacio económico es un campo de fuerzas e interacciones económicas independientes del espacio geográfico(2). Por lo tanto, la actividad económica no se circunscribe a un plano polÃtico-territorial, sino que incorpora tantas áreas polÃticas como articulaciones económicas vaya desarrollando a lo largo de un territorio. ¬â€
En este sentido, los polos de crecimiento económico se definen como un grupo geográficamente próximo de compañÃas interconectadas e instituciones asociadas en un campo particular, incluyendo productores, proveedores de servicios, abastecedores, universidades y asociaciones comerciales. Este enfoque sitúa a la industria en el centro del análisis, ya que se considera que la existencia de un núcleo industrial fuerte sirve de ancla y arrastre para la economÃa de una región.
En materia de polÃtica pública, las anteriores consideraciones resultan de singular importancia, ya que una caracterÃstica distintiva en los paÃses subdesarrollados es la desigualdad regional que prevalece y ante ello, un desafÃo latente es impulsar e implementar aquellas polÃticas regionales que permitan reducir esas brechas regionales.
Para la realización de lo anterior es necesario entender las fuerzas que motivan la concentración y dispersión de la actividad económica en un territorio, ya que son precisamente las regiones que presentan una mayor concentración económica las que registran mayores ritmos de crecimiento económico y mejores niveles de competitividad.
Las investigaciones han demostrado que la concentración espacial de la economÃa da lugar a una serie de economÃas de escala externas e internas que actúan como incentivo para la llegada de más capital y fuerza de trabajo, reforzando asà su carácter estratégico.
En particular, la aglomeración de la actividad económica en una ubicación determinada genera una serie de beneficios, tales como: gran tamaño en el mercado, mÃnimos costos de transporte, especialización de la fuerza de trabajo y derrame tecnológico.
AsÃ, las regiones que gocen de estos atributos tendrán una capacidad de desarrollo mayor que aquellas regiones que carezcan de estas ventajas.
Con base en lo anterior, las polÃticas públicas deben ser consecuentes con la economÃa, es decir, si los principales procesos económicos operan y se articulan en el espacio, las polÃticas públicas deben contextualizarse regionalmente también. En especial deben atender las desigualdades regionales que condicionan su atraso e inequidad.
Para ello, es condición necesaria que las polÃticas públicas operen sobre dos grandes aspectos: por un lado sobre las capacidades locales de las que disponen las regiones más atrasadas, a fin de brindar la base material de su desarrollo; y por otro, gestar las condiciones de entorno necesarias para detonar la productividad de los factores productivos locales.  Notas al pie de página [1] En este tenor sobresalen las aportaciones realizadas por la llamada "Nueva GeografÃa Económica", impulsada principalmente por el Premio Nobel de EconomÃa 2008, Paul Krugman. [2] Véase Perroux, Francois (1967). "La economÃa del siglo XX". Ediciones Ariel, Barcelona, España. |